Mundo Orgánicos

Cultura orgánica

El mundo moderno, ofrece un gran cumulo de tecnología que nos permite vivir maravillas jamás pensadas, aparte de otorgarnos el don de estar comunicados y conectarnos hasta llegar a tener la ilusión de pensar como un hombre.

Sin embargo, no es la cultura tecnológica la única que se ha erigido con firmeza, sino más bien, en medio de tanta tecnificación, robótica, y genética, se ha abierto paso una nueva Cultura Orgánica, como consecuencia del desequilibrio ecológico originado por el modernismo.

La Cultura Orgánica, ¿Un nuevo concepto?

Desde que el hombre es hombre y la ciencia es ciencia, siempre han existido las mentes naturalistas y ecologistas, y es que, de hecho, no hay un hombre que haya logrado grandes hazañas mundiales por su inteligencia que no alineara sus pensamientos con la importancia de la conservación del planeta, entendiendo que este, es nuestro único hogar.

El empañamiento del interés económico.

Tristemente, este interés por conservar el planeta siempre se ha visto afectado por intereses de orden económico y político, así que gobiernos y grandes corporaciones han querido deshacerse de los daños colaterales de la producción en masa, moviendo sus corporaciones a otros países, que generalmente son más pobres e irónicamente poseen más valiosos recursos, reviviendo el periodo de la conquista y la expansión en pleno siglo 21, no por derecho divino sino por interés financiero, al costo que sea necesario, y además, bajo la irreal premisa de que “Ojos que no ven corazón que no sienten”.

El planeta simplemente responde.

Pero en nuestro planeta, así tus ojos no vean la neo colonización y el aparataje bélico que se oculta tras ella, ni el trabajo cruel y mal pagado, la exposición a químicos nocivos, el descontrol con los desechos tóxicos, la tala y la quema indiscriminada, la contaminación de cuerpos enteros de agua por negligencia, la crueldad de las vidas de los múltiples obreros que se someten a trabajo explotador, el despojo de tierras de culturas autóctonas, la experimentación con el delgado equilibrio trófico natural, el daño, simplemente se hace sentir, pues como dice un sabio proverbio chino “El aleteo de alas de una mariposa, puede sentirse al otro lado del mundo”.

Hay una realidad latente, más allá de nuestra cotidianidad que nos arropa, que nos alcanza, que no podemos negar.

Así que, así estés en la comodidad de tu hogar citadino, y salgas a hacer ejercicios en la mañana, a respirar el aire puro de los parques, o a tomarte tranquilo un café o una cerveza en un bar.

Así estés en una granja en una comarca amistosa, o te haya tocado vivir en carne propia el trago amargo de la vida del que es un poco más desafortunado y vive al margen de la sociedad, cuya vida pasa en un incesante trabajo para, a penas, cubrir el gasto de vivir, y no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor, simplemente, los cambios que como humanidad, sedienta de poder y de autosatisfacción, hemos infringido en el planeta, se hacen sentir, quieras notarlos, o no.

El despertar de la cultura orgánica.

Aunque tus ojos no puedan ver los campos industriales, y los lagos contaminados no nutran la alberca de tu casa, aunque compres tus productos en el súper, y no comas de lo que sacaste de la basura.

Aunque tus rutinas diarias sean llevaderas y tranquilas aun en medio de la selva de concreto, sentimos el cambio climático, vemos con preocupación la desaparición de muchas especies, nos asusta el brote de nuevos virus, y lo rápido que se extienden los devastadores y frecuentes incendios forestales.

Nos agobia que cada vez hay menos comida saludable, que el aire es más difícil de respirar, que el agua se está volviendo más costosa y menos frecuente, que todo da alergia, que el sol te daña, que el clima es agobiante e impredecible, y no eres el único que siente un poco de fin en todo lo que se vive, pero tal vez eres uno de los pocos que se está despertando a la nueva cultura orgánica.

La Cultura Orgánica en la cotidianidad.

La nueva ideología ecológica cultural, más allá de toda la campaña publicitaria que tiene detrás, y que de seguro alguien él está sacando provecho, no es más que una forma de vida, es un camino diario del cambio consiente de pequeños hábitos de vida, que simplemente hacen grandes diferencias para la conservación del planeta.

Y, sobre todo, la Cultura Orgánica, es la importancia de hacer sentir, de predicar con hechos y con palabras sobre la gran preocupación por el inminente deterioro, que como especie hemos, y seguimos ocasionado al planeta, y cuya consecuencia directa es la disminución de la calidad de nuestra vida, y la amenaza a la continuidad de futuras generaciones.

Cultura orgánica vida saludable

El reto de la Cultura orgánica.

Para la comunidad en general, parece toda una utopía, tanto el daño al planeta como la posibilidad de transformar su modo de vida.

Y que esta transformación, que evidentemente requiere conciencia, amor, disposición, dedicación y disciplina realmente pueda transformar la realidad, tomando en cuenta que la lucha es contra gobiernos enteros que se niegan a aceptar protocolos ambientales.

Que la lucha es contra trasnacionales que se niegan a cambiar sus industrias para hacerlas más ecológicas, la lucha es contra mercados globalizados de productos y servicios cuyas mafias y redes se entraman desde las cúspides más altas de la sociedad, hasta los mercados de pequeños comerciantes, que la lucha es contra la globalización misma que te introduce una cultura consumista al costo que sea.

Somos la esperanza de nuestro hermoso planeta azul.

Sin embargo, no es una utopía lejana, es una realidad que con nuestros aportes podemos ayudar al planeta, cada vez que gastamos menos energía, cada vez e producimos en nuestros hogares, cada vez que nos negamos a adquirir productos que son altamente contaminantes, cada vez que apoyamos al pequeño productor, al agricultor.

Cada vez que compartimos en nuestras redes mensajes distintos y contra corriente, cada vez que nos ponemos del lado del planeta, y dejamos el lado de las injusticias ambientales, cada vez que reciclamos, seleccionamos nuestros desechos, hacemos compostaje, compramos por necesidad, y no solo por el simple consumismo, cada vez que nos negamos a formar parte de los estereotipos, y más bien abrimos nuestra boca en favor de nuestra madre tierra, hacemos la diferencia, y nos volvemos esos granitos de arena que forman parte del paisaje esperanzador, de una cultura orgánica y ecológica que promete y lucha por un futuro distinto para nuestras nuevas generaciones.

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